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Archivos en la Categoría: ficción

En una góndola veneciana se besa una pareja siciliana arrullados por los cantos de un gondolero napolitano (a pesar del mal olor); y yo aquí acompañando a una taza de café en Caracas; una romántica pareja alemana decide escalar el Matterhorn, y yo pensando en ella aquí en caracas: en Belgrado una pareja se oculta bajo el pickup de la Associated Press y susurran teamos en croata, y yo nadando en remordimientos y dolores aquí en caracas; en Madrid una pareja recuerda los tiempos de la movida, las tapas y los chatos tras de los taconeos de la sevillana; y yo aún decidiendo entre ella y quién sabe quién, entre ella y nadie; en Praga, nadie sabe lo que pasa en Praga; y aquí mi Ello absorbiendo a mi Ego y mi Super-Ego al estilo /hostile takeover/, ojeras negras cosecho; en Buenos Aires, después del tango, una pareja pasea por la Plaza de Mayo a diez mil besos por hora; yo agobiado por todo, echándome la culpa de todo, sufriéndolo aún; en Santiago comparten la última cerveza, y yo podrido aquí en la misma ciudad, quimera vana, aburrida, insulsa y anodina; en Moscú ellos se dan calor entre los dos , mirándose a los ojos para contagiarse la ternura seca eslava tras de la catedral bizantina de San Basilio; y yo escribiendo esta estúpida nota mientras mi destino no varía; igual que siempre, me espera sentado en el resquicio de la puerta.

28/3/92

-a bordo del hms Sheffield, segunda guerra mundial-

Nos encaminamos por el mar, rumbo a Noráfrica.
A pesar de los motivos de nuestro viaje, el cielo se nos presente azul y diáfano, cosa nunca vista por mí en Inglaterra. El barco se desplaza como un crucero. Vamos a cumplir una misión de guerra. Escribo esto en secreto.
Aunque sea uno de los mejores elementos de las fuerzas, y comandante al servicio de la reina de Inglaterra; y aunque conozca bastante de artilugios e informaciones, la memoria me traiciona y me siembra dudas sobre lo que recuerdo del intríngulis de este viaje. Lo que más sobresale de tales recuerdos, es que me vengaré de lo que me hicieron los alemanes en la isla de Creta. Me vengaré, y me atrevo a escribirlo con mi propia sangre. Pero ésta no dejará de circular si no tomo venganza. Se los aseguro.

Los agentes a mi cargo charlan alegremente y toman el té sobre la cubierta. No he tomado el mío, está demasiado caliente. Pude enterarme a través de 441, agente Bowson, que el grupo constituía una verdadera pieza clave y por eso no podíamos entrar en la acción de los comandos. El recio de la emoción. Ellos no me querían perder.

El barco sigue avanzando, el mar y el cielo se funden. No parecen las cinco y media, con ese sol fulgurante, rodeado de nubes de colores aún irreproducibles. Santos, el brasilero que nos acompaña, tararea una melodía y golpea con los dedos su maleta llevando muy bien un ritmo para mí desconocido.  Debo recordarme a mí mismo que esto es un descanso, porque al legar empezaremos a pelear. Ya el té es bebible.

Qué contraste con mi tierra, golpeada y malherida.
Aviones cruzan el firmamento allá, aquí las risas y las gaviotas. Cuando esta guerra acabe, sentiré quizás que un trozo de mi vida se habrá esfumado para siempre, como cualquier edifico de Londres ante las bombas de los Messerschmidt. Sin embargo, en este momento, quisiera que el barco siguiera de largo, y grabarme esta luz, este paisaje, estas gaviotas y alcatraces. Me ayudará a morir un poco más tranquilo cuando la próxima bala me encuentre. Bala alemana, japonesa, italiana. Quizá este viaje fue orquestado debido a nuestro propósito. Lo agradezco.

24/5/92
Idea: “unidad de asalto 30”
[inspirado en biografías de ian fleming]

 

(de la serie: buen trabajo, joe)

Te ves en el espejo. Te ves bien, a pesar que el traje es ajeno. Son las tantas de la noche: ya puedes aflojarte la corbata y un botón de la camisa. Te importa poco llegar: quien quiera ubicarte podrá hacerlo.
Decides perderte entre los callejones oscuros y las viejas manzanas, buscando dónde inicia la frontera entre La ciudad y el barrio.
Ignoras a quien desea tu atención. Es sólo un paseo. Contraria a otras noches, hay confusión y no sabes lo que sientes. Y Lo haces de nuevo: dejas el cuerpo aquí y La mente en otra parte, para evitar hacerte Las mismas preguntas y evitar esa presión en el pecho que algunos llaman miedo. Boom, allí está. ¿Es un niño o una niña?
Una criatura ebria vocifera temperaturas: 42, 43 grados. Nadie te extrañará, alcohólico. Estiras el brazo, puño cerrado y La palma mirando aL piso. Tomas aire.
Orificio de entrada por la nuca. Ángulo ascendente de dos grados. Distancia… ¿cuánto, cien metros?
Por favor no mires hacia atrás. No te distraigas con aquello que no pudo ser, por aquellos sacrificios tan mal pagados. Consuélate, pero no mucho: aún puedes escaparte un rato a jugar Texas Hold’em mientras no estás esquivando balas. Cuál de éstas será la última. ¿Cuándo este día acabará?

–31/07/06

Pocos hombres admitirían cuánto les ha hecho falta estar con una mujer. Y muchos menos, los que han estado buscando sustitutos; algo más, más rápido, más seguro, más fácil; sin ataduras, dolor o compromisos. Aunque eso traiga después dudas y arrepentimiento. Justo cuando el deseo es más fuerte.

Tampoco niego la atracción de lo prohibido; quizás sentir una rigidez extraña, parecida a mí,;saber qué está mal según la propia balanza; y sin embargo seguir cruzando las barreras equivocadas. Con miedo al disfrute.

Veo la piel de Miss G temblar mientras me acerco con el pincel.
No puede evitar sacudirse y cerrar los ojos violentamente mientras escribo con largos y lentos trazos de fría tinta los caracteres de la palabra ‘esclavo’. Su temblor se agudiza mientras algunas gotas se escurren por su costado. Tomo una larga aspiración del cigarrillo, y la disfruto. Son sus cigarrillos preferidos.
Frío. El único calor que se le permite a Miss G es el que emana de su propio cuerpo y seca la tinta para dejar una palabra brillante sobre su vientre de adolescente de 31 años casada. Este momento hay que inmortalizarlo. Un poco más de humo, para la cámara.

10/02/2004:13/02/2004
de sonia para yohelen

Después de nuestra última conversación, me dejé llevar por la metáfora del beso (tú sabes lo que quiero decir).
Al llegar a casa y encontrarme sola, interrumpí mi rutina por un instante, pidiendo por lo más preciado que nadie viniese a molestar, a entorpecer este momento, esta sensación concentrada entre las piernas. Volví a mi rutina usual: colgar las llaves, sacar el celular de la cartera, ir a mi cuarto, poner la cartera sobre la cama, y desvestirme. Me fui al baño inmediatamente (huy…).
Cuando fui a colgar mi ropa, quedé impregnada de un aroma a rosas que venía del closet. Ese olor no abandonaría mi nariz por un buen tiempo.
Pensando en las rosas, y conectando una cosa con otra, pasé de la aroma a la imagen de una rosa, a la rosa que me enviaste, a la imagen de un beso, a la metáfora del beso (tú sabes cuál es). Esta corriente de pensamientos me detuvo frente a mi espejo de cuerpo entero, sorprendida y confusa, sonrojada de descubrirme en mi ropa interior, pensando en miles de cosas al mismo tiempo, y acompañada por la fragancia de las rosas.
Hasta que me vinieron a la mente tus palabras acerca de las mujeres… “Las mujeres sabemos lo que nos gusta…”
Empecé a verme en el espejo, mis pantys y mis sostenes, y me acerqué a la superficie pulida del cristal y extendí la mano. Comencé a imaginar [qué haría contigo y qué harías conmigo si todo fuese perfecto] dónde pondría ese beso; dónde pondría esos labios.
Besé mi dedo índice y puse a marcar en el espejo dónde lo quiero recibir. [Como si tú estuvieras de mi lado del espejo y yo del otro lado.] Pude imaginar esos labios marcando de rojo los lugares que mi índice ordenaba. Oh, cuanto deseé besar algo más que mi palma esa noche.
Pude notar cómo mis mejillas se coloraban y subía mi temperatura. Toqué por encima de mi sostén y pude sentir un calor de fiebre. Minúsculas gotas de sudor me hacían brillar entera. Cómo me hubiera gustado sentir otra piel.
Mi dedo índice derecho fue viajando suavemente, sintiendo cómo se habían despertado esos puntos tan sensibles primero a la izquierda, luego a la derecha. Traté de percibir mis senos con mi mano libre: su forma, su peso, su textura, la presión del sostén, el calor que emanaban, los pezones, las aureolas.
Con los ojos cerrados me vi marcada con pintura de labios por todo el cuerpo, un mapa de los sitios que habías visitado. Con mi mano quise llevar ese carmín hasta las partes donde estaba cubierta por la tela, entre las piernas, tras de la liga… mi refugio secreto, mis gotas de miel.
Quise perfumarme entera con mi almíbar, hacer lo mismo que hice con tu carmín imaginario. Sentí que una flor, una rosa tal vez, había florecido. Y eso fue suficiente. Con los ojos aún cerrados fui dando un paso hacia atrás, luego el otro, hasta desplomarme en el colchón.
Y no pude aguantarme más. Encima de mí una imaginaria tú tomando posesión del contenedor de mi alma; y yo agradeciéndotelo físicamente. [Estar contigo sin ti fue pasar tiempo sin el tiempo.] Los segundos, minutos y horas desaparecieron para mí. Todo se fundió en un enorme instante.
Desperté con el calor del sol, [ligera y desnuda,] sintiéndome como si por dentro hubiera sido bañada con miel de rosas; con mis pantaletas en una mano y mi corazón palpitante en la otra.
Con un poco de miedo, me acerqué a la puerta del closet y la abrí. Descubrí que el olor a rosas venía de unas perlas de potpurrí. Las vi y no pude evitar sonreírme. Quien lo hubiera pensado.

Oigo a la Pantera cantar con su voz de Naranjo En Flor, e inmediatamente recuerdo aquellos ojos espectaculares tan claramente café, que redondean el conjunto de su belleza exótica. Qué bien se veía con un dragón tatuado en su antebrazo izquierdo.
La imagino viéndome de espaldas, seductora, como siempre.

pc2.jpg

… el comandante general de la aviación ofreció lanzar un misil al edificio. Sin embargo, cuando el jefe del centro simón bolívar demostró el alto record de incendios en las torres, la idea del misil terminó desechada.


Así estábamos, sin ropas y vulnerables.
Ella, (¿esperándome? ¿impaciente?) estaba ahí, con su sonrisa imborrable, mirándome, y hacia donde yo fiera me seguía con la mirada. Estoy sudando, quién no. Las gotas caen sin sentido sobre el papel y ella, en la misma posición, me ve, me sonríe.
Pero no puedo hacer nada más allá de esto contigo. Simplemente hay algo que me lo impide.
Aunque sabes despertar ansias, no podremos hacer nada. Por más que me muestres tus tesoros; por más que tus senos y tus ojos grises aceitunados me sigan llamando.
Yo seguiré preocupado, lamentándote, aunque no pueda evitar esta sublevación de las gónadas cada vez que te veo. Lo siento, amor, estoy condenado a estar ansioso de ti. Lo siento, así es el juego.

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