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hay cosas que no se quieren decir. para proteger el ego de los golpes de las consecuencias. quizas ya es suficiente con patearse uno mismo al darse cuenta del error o el descuido, y asi no tenga el herido que levantarse para empuñar el arma y defenderse. o atacar. o entromparse.
hay cosas que no se quieren decir, como un fracaso estudiantil a los treinta, o una mentirilla que evite otra mancha a la reputación. o una explicación acerca de algo impulsivo, algo impensado, un instante en que no éramos nosotros mismos.
hay cosas que no se quieren decir, porque queremos caminar con nuestra pechera blanca y almidonada, reluciente; que no la manche nadie, ni siquiera uno mismo. por eso mentimos, por eso le echamos la culpa a todos, o a cualquiera. por eso callamos.
quiza el madre error esta en patearse uno mismo.

01-abr-97

Zás es la palabra de los encuentros fugaces, de esos en los que pasa a tu lado la persona en quien piensas; es la palabra de las certezas repentinas, del hecho de encontrarse con una verdad inusitada que se traga de un solo golpe; Zás es la palabra que se dice cuando te das cuenta que caíste fuera de la sartén y estás en el fuego; la dices cuando ves que lo que anhelabas es completamente distinto a lo que tenías en mente; Zás es cuando te enteras de que alguien de tu pasado te mandó saludos; también cuando te enteras que tu novia se casó y te invitó para la boda. Zás también cuando recibes una mirada de cierta persona; y si la ves pasar. Espera todo. Sorpresa, súbito, relámpago, etcétera. ¡Zás!

A la gata hija de La Fierita

Cuando el gato se va, los ratones hacen fiesta. Y cuando el gato llama por teléfono para avisar que está en camino, los ratones comienzan a sufrir por la traición que cometieron.

Yo sé que ella consiguió excusa para su engaño, y ahora pretende exorcizar su arrepentimiento confesando – no a mí, no al párroco, no a él, sino al radio transistor que siempre repite la misma pieza.
¿Canta y no llores?

Ella sabe que cuando el gato no está, cualquier cosa es posible. Y sabe qué es lo que pienso yo. Frente a la muerte, ignorancia; lo mismo para las guerras entre dos. Todos los ratones quieren borrar las huellas del crimen, lavar su presencia, pero las manchas más profundas no se quitan. Eso lo sé yo. Y mientras menos me entere, mejor. Posted by Picasa

 
puede que mis ojos se extravíen en otra figura

puede que mi cerebro pida el consuelo de lo artificial

puede que me pierda en los laberintos de mi cabeza

pero mi corazón
vuelve a tus brazos

pero mi boca
llama tu nombre

pero mi cuerpo
se acuna en tu cuerpo

y nuestras almas
se regocijan juntas.
 Posted by Picasa


Para salir de Italia, los Goncourt Mazzini, mis padres, hicieron uso por última vez de las influencias que les daba el apellido, y contrataron un falsificador de pasaportes. Él no sabía quién era yo, y cuando me pidió los nombres, sólo pude atinarle a unos personajes de una película de Carmen Miranda.
- ¿Su padre?
- Fernando santos.
- ¿Usted?
- Eduardo santos.
- ¿Su madre?
- Carmen…
¿Qué voy a decir? ¿Carmen Miranda, para que nos descubran fácilmente? ¿Carmen Santos, para quedar todos como hermanos?
- Carmen San Diego.

Se supone que íbamos a desechar estos pasaportes apenas entráramos a Venezuela y nos asentáramos. No soy capaz de imaginarme los diplomas de mamá con ese nombre de videojuego.
Pero yo guardé mi falso pasaporte. Sabía que iba a necesitarlo alguna vez. Posted by Picasa

Sacrifice
A dave navarro y the ripper

“…Aquí estoy, Padre, como siempre, cubriendo mis errores cuando ya es tarde…” gritaba dentro de mi cabeza, silenciando el ruido de la ametralladora.

Prisionero 2361-11-SHSP: para esta noche, el último criminal condenado a pena de muerte en esta República con el método de electrocución. El método más cruel después del garrote español. Sí, la silla eléctrica.

Rompo una vena con el lápiz afilado que me dejaron para la última carta. Miro las hojas de papel y ellas me devuelven la mirada. Así que dejaré la última carta en las paredes de esta prisión, para que no puedan borrar mi sangre.

Un mandatario que se arrastró hasta su puesto clamando por tomar las vidas de los transgresores decidió escoger a este recluso, convicto por un número no revelado de “crímenes”, para estrenar toda la pompa, circunstancia y parafernalia que conlleva matar autorizadamente a otros. Convicto, declarado culpable, insano o como quiera llamarse a una mente más allá de los límites de la cordura habitual. Sí, los borró a todos porque así lo quiso. Y que no vuelvan a aparecer porque los volverá a borrar.

Nada hace correr el pulso como una cara donde aparecen el miedo, la confusión, y una búsqueda atropellada en la memoria. Si olvidaste lo que me hiciste a mí, aún así sentirás mi consecuencia.

“Soy un fracaso, Padre. Tenías razón. Soy insalvable y no valgo la pena. Como solías decir, soy indigno de usar tus palabras…”

2361-11-SHSP permanecería frío y ausente sin dormir toda la noche después de escribir la última carta en una pared del calabozo. “NO CONFÍES EN NADIE.” Así quedaría retratado: de espaldas a su último manifiesto, de pie, vestido con el traje de los moribundos, las esposas y las cadenas, mientras la reja permanecía abierta para su salida. Hombros caídos, levedad en el cuerpo pero dureza en el semblante y la mirada extraviada, quizás traspasando a la cámara, al fotógrafo y cualquier otra cosa en el camino. La herida sanaría en camino hacia la habitación final. Los ruidos de las cámaras se fundieron entre sí mientras se acercaban todos hasta la puerta metálica puntada de verde oliva, que nadie se atrevería más a trasponer con la imaginación, menos aún con la mirada.

Lamento hacerles pasar por este momento, estructurado y rígido como una ceremonia diseñada para filtrar toda la culpa que los espectadores suponen en los presentes. Quizás exceptuándome a mí. Mi más sincero deseo es terminar con todo este ruin proceso de una vez.

Al cerrarse la puerta, las cámaras quedaron atrás, junto con los ojos de millones de personas. Sólo algunas se habrán preguntado alguna vez porqué nunca se supo qué crímenes cometió, quiénes fueron sus víctimas y porqué fue apresado haciendo uso de una ametralladora cuando las víctimas sufrieron otra muerte. Ahora sólo caben dentro del rango visual el recluso, los dos oficiales que lo aseguran a la silla, además del hombre calvo con guardapolvo, que dio una mirada incólume y apagó las luces.

Una lampara de plastico amarillo se encenderá en la pared, y con eso, la frialdad se deshace como hielo sobre rieles al sol. No hay razón para fingir o postergar el momento siguiente.

El cuerpo ya no responde. Sin mi permiso, mi espalda se arquea contra el respaldo de esta máquina, estrellándome. Tras de mis ojos cerrados sólo líneas azules hasta una ausencia total de luz.

El hombre calvo con guardapolvo abrirá la puerta, encenderá las luces, y otros dos elementos vestidos igual harán rodar una camilla. Se llevarán lo único que no ha estado ahí antes y del resto se encargarán los limpiadores. Afuera se oirán gritos cuando se conozca la noticia.

“Dije ‘¿qué voy a hacer?’, no ‘¿qué voy a ser?’. Hay una gran diferencia ente las palabras que salen por la boca y las que se escriben.” Francisco Massiani, Piedra de mar.

La pregunta que desenmascara al Pasado es “¿Por Qué?”, Y la que nos revela el futuro será “¿Qué vas a hacer?”. Es la interrogante más cruda en este momento. Quiere decir que ya el tiempo habló, que ya el otro jugador movió su pieza, que ya es tu turno y la pelota está en tu cancha.
Tendrás que asumir el Ahora como una presencia tras de ti, indicándote que tienes que accionar. O reaccionar, si decides no pensarlo. Significa recoger los cristales rotos después de la colisión. Y firmar todo aquello que dice que reconoces que hubo un choque, y que el conductor A estuvo aquí y el conductor B estuvo allá, y que tu “allá” y mi “aquí” fueron el mismo lugar por un instante.
Y así sigue. Qué vas a hacer con esta realidad que te acaba de caer encima. Qué argumentos nuevos tendrías que fabricar para explicar tus reacciones. Oh Circunstancias, Circunstancias, ardan en el fuego de la expiación junto al chivo y al mensajero.
Y luego vendrá el porqué.

(FireSerpent no se había presentado aún; tenía el encargo de traer suministros destilados. ApoloBelenus y Blackfin conversan.)

ApoloBelenus: Fíjate que Brasil y estados unidos se parecen en muchas cosas.
(Comentario: aún no hemos empezado la primera ronda de whisky con menta.)

Blackfin: a ver, explícame.
ApoloBelenus: Los dos son territorios grandes y federales. ¿Sabías que Brasil estuvo a punto de ser varias repúblicas separadas?

Blackfin: Me hubiera gustado ser embajador de la República de Ipanema, entonces. ¿Te imaginas a la chica de Ipanema como primer ministro? Algo así como Margaret Tatcher con mejores piernas. Sigue.

ApoloBelenus: A ver… ambos decretaron dónde se ubicaría su capital y la construyeron a su gusto. Y tienen abreviaturas postales de dos letras para los estados.

Blackfin: País cool es el que se permite jugar Simcity de carne y hueso.

(Llega FireSerpent, con las manos ocupadas y señalando a ApoloBelenus con un movimiento de quijada.)

FireSerpent: Eso es falso, eso es falso. A ver si dejan de hablar y se ponen de acuerdo para el rediseño de la página, o se ponen a escribir, porque no más han posteado puros refritos últimamente. Aquí está la cerveza.

Ton era un ejercicio constante de ironía. A pesar de ser, según él mismo, “aprendiz de brujo”, tenía en su escritorio la pluma papal “Vatican 2000 Papal Pen”, en su caja original.
-”el Papa ni se imagina para qué estoy usando yo esta pluma.” Posted by Picasa


Con un poco de valentía me acerqué a la puerta, a pesar de las voces miedosas: decían que si entraba, nunca podría salir aunque lo quisiera; que es una modestia innecesaria para mí. Sin embargo vi un destello por la rendija y entré.
A mi lado conseguí metales oscuros, frecuencias extáticas, redobles antinatura. Presencias específicas puras y mezcladas, todas agrupadas y conflictuadas entre sí. Chispazos en la interfase y barreras de aire. Cada uno resultaba tentador como la botella con el letrero “Bébeme”. Pero lograr la residencia eterna requería conservarse en una cápsula, y permanecer en ella era perderse.
Así que decidí acortar mi existencia, mientras tomaba de cada uno. Preferiría morir a dquedarme sellado eternamente, y luchar incesante por encerrar a todos aquellos que crucen la puerta.
Yo tomo de ellos y ellos toman de mí, y permítanme la falta de modestia, pero me siento aún más vivo que en la cápsula. Y, ¿sabes algo? Nada humano sobrevive.

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