Dos planetas

Contra el olvido.-

¿Cuál era su nombre? ¿Vanessa, Melissa, Alessandra? ¿Rebeca, Patricia, Graciela? ¿Grecia, Macedonia, Siria?

Es increíble que me haya olvidado de su nombre, aunque eso no significa mucho, porque todavía recuerdo su cara, y todo el resto de la historia, lo que dice que no todo está perdido.

Su nombre me tiene dando vueltas por la cocina en un bloqueo total, como una mosca empecinada contra el cristal de una ventana.

Ella y Yo.- 

Ella y yo fuimos dos planetas que cruzamos nuestras órbitas por un instante y sentimos cada uno la gravedad del otro. Así como la concavidad y convexidad de nuestros rumbos nos hicieron compartir una porción de espacio sideral, nos dispararon lejos. Nunca giramos exactamente unidos, mas bien cada uno tenía su propia órbita, con sentido, acimut, elongación, apogeo y perigeo. Cada uno respetando su órbita, cada uno en su propia dirección, desde el inicio hasta el final.

Conjunción.- 

¿Quién dijo que esta alineación de planetas era una ciencia exacta? Cada uno de nuestros universos se expandió y estamos fuera de alcance. Lo mismo pensé la segunda vez que me encontré con ella, después de haber sido desprendido de otra órbita.

21.2.04

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fuera de escala [fragmentos]

-un momento. Tú no sabes. Todo lo que he dicho hasta ahora puede ser una mentira.

Sonia derramándose encima de mí, bombeando enajenada, no es la única referencia a Sonia. En una tienda de cerámicas un domingo a las once de la mañana, mientras Dina habla con la vendedora y tú das vueltas, te miras en los espejos y te mueres de sueño, juegas con los grifos y con las combinaciones de color. Sonia estará tomándose un café contigo como una pareja de viejos amantes una mañana cualquiera de desayuna americano de bacon y huevos fritos.

Piensas qué cerámicas quieres para tu casa, qué cerámicas querrías para la casa de tus sueños, cuando casado estés, con una van en el garaje y un sedán al frente. Alarma.

4 años y tres meses #trenes

25/10/04

Así que abordé el tren más voluminoso. Acabo de entrar y son las 830. No hay casi nadie, pero los que están se atarean en sus posiciones. No hay maquinista. No está mi amigo el guía. Ni siquiera sé si la hora es la correcta. ¿Habré llegado demasiado temprano?

Sentado en un pasillo aún pienso porqué abordé. Porqué dejé en el andén a los otros trenes. El tren aún no arranca. Eso parece, aunque siento movimiento.

Cuando uno deja la estación y pierde de vista a los otros trenes no sabe en realidad qué pasa con ellos: si se quedan suspendidos en el tiempo. Como uno no los puede ver, sólo puedo imaginar que el tiempo pasa y cada vez hay menos vapor en las calderas. Supongo que eso será lo que encontraré si regreso a la estación.

Tengo el boleto de un segundo tren arañándome el bolsillo. Estoy tan indispuesto a esperar, y sin embargo espera me ha sobrado en esta luna creciente. De buen augurio.

Sigo esperando, oyendo el sonido de las calderas, sintiendo la vibración de un trenque espera, así que pienso qué hago aquí. De qué me estaré perdiendo.

Cuatro años y tres meses. ¿Estaré aquí por lealtad, por honrar el esfuerzo de un amigo? ¿Estoy aquí por él y no por mí?

Cuatro años prometidos para salir de aquí. Tres meses de prueba. Hacia un territorio desconocido. ¿Será que el destino que el destino pone todas las puertas y nos da todas las llaves? ¿Es esto todo destino?

Lo que ella no sabe que yo sé

A la gata hija de La Fierita

Cuando el gato se va, los ratones hacen fiesta. Y cuando el gato llama por teléfono para avisar que está en camino, los ratones comienzan a sufrir por la traición que cometieron.

Yo sé que ella consiguió excusa para su engaño, y ahora pretende exorcizar su arrepentimiento confesando – no a mí, no al párroco, no a él, sino al radio transistor que siempre repite la misma pieza.
¿Canta y no llores?

Ella sabe que cuando el gato no está, cualquier cosa es posible. Y sabe qué es lo que pienso yo. Frente a la muerte, ignorancia; lo mismo para las guerras entre dos. Todos los ratones quieren borrar las huellas del crimen, lavar su presencia, pero las manchas más profundas no se quitan. Eso lo sé yo. Y mientras menos me entere, mejor. Posted by Picasa

Fragmentos de ficción: Malicia


Para salir de Italia, los Goncourt Mazzini, mis padres, hicieron uso por última vez de las influencias que les daba el apellido, y contrataron un falsificador de pasaportes. Él no sabía quién era yo, y cuando me pidió los nombres, sólo pude atinarle a unos personajes de una película de Carmen Miranda.
– ¿Su padre?
– Fernando santos.
– ¿Usted?
– Eduardo santos.
– ¿Su madre?
– Carmen…
¿Qué voy a decir? ¿Carmen Miranda, para que nos descubran fácilmente? ¿Carmen Santos, para quedar todos como hermanos?
– Carmen San Diego.

Se supone que íbamos a desechar estos pasaportes apenas entráramos a Venezuela y nos asentáramos. No soy capaz de imaginarme los diplomas de mamá con ese nombre de videojuego.
Pero yo guardé mi falso pasaporte. Sabía que iba a necesitarlo alguna vez. Posted by Picasa

A las 7:16:53 PM un hallazgo: Suicidios registrados por año de registro, según causa conocida o presunta, 2000- 2008

Suicidios registrados por año de registro, según causa conocida o presunta, 2000- 2008

Las ‘razones’ o ‘causas’ listadas dan mucho qué pensar, sobre todo acerca de quién elaboró esa lista. ‘Amor Contrariado’ suena a cualquier cosa menos a investigación seria (a pesar que citan como fuente a la entonces Policía Técnica Judicial). Así como ‘Hastío de la vida’. (“Haz, tío, de la vida, lo que queráis.” Cobro caros los chistes malos.) Pero la que más risa da es la última: ‘No declarado’.

Otro hallazgo: contrariamente a la hilaridad popular, los solteros se han suicidado más que los casados.

Sinceramente, hablar de suicidios en este territorio tan entristecido, parece un ejercicio de maldad. Pero con tantas muertes encubiertas, uno se pregunta si todos estos números son reales o algo que escupió una máquina para cubrir las apariencias. Tal como en las elecciones de 1996 en adelante.

¡Zás!

01-abr-97

Zás es la palabra de los encuentros fugaces, de esos en los que pasa a tu lado la persona en quien piensas; es la palabra de las certezas repentinas, del hecho de encontrarse con una verdad inusitada que se traga de un solo golpe; Zás es la palabra que se dice cuando te das cuenta que caíste fuera de la sartén y estás en el fuego; la dices cuando ves que lo que anhelabas es completamente distinto a lo que tenías en mente; Zás es cuando te enteras de que alguien de tu pasado te mandó saludos; también cuando te enteras que tu novia se casó y te invitó para la boda. Zás también cuando recibes una mirada de cierta persona; y si la ves pasar. Espera todo. Sorpresa, súbito, relámpago, etcétera. ¡Zás!

Buen trabajo, Joe: Esquivando balas.

(de la serie: buen trabajo, joe)

Te ves en el espejo. Te ves bien, a pesar que el traje es ajeno. Son las tantas de la noche: ya puedes aflojarte la corbata y un botón de la camisa. Te importa poco llegar: quien quiera ubicarte podrá hacerlo.
Decides perderte entre los callejones oscuros y las viejas manzanas, buscando dónde inicia la frontera entre La ciudad y el barrio.
Ignoras a quien desea tu atención. Es sólo un paseo. Contraria a otras noches, hay confusión y no sabes lo que sientes. Y Lo haces de nuevo: dejas el cuerpo aquí y La mente en otra parte, para evitar hacerte Las mismas preguntas y evitar esa presión en el pecho que algunos llaman miedo. Boom, allí está. ¿Es un niño o una niña?
Una criatura ebria vocifera temperaturas: 42, 43 grados. Nadie te extrañará, alcohólico. Estiras el brazo, puño cerrado y La palma mirando aL piso. Tomas aire.
Orificio de entrada por la nuca. Ángulo ascendente de dos grados. Distancia… ¿cuánto, cien metros?
Por favor no mires hacia atrás. No te distraigas con aquello que no pudo ser, por aquellos sacrificios tan mal pagados. Consuélate, pero no mucho: aún puedes escaparte un rato a jugar Texas Hold’em mientras no estás esquivando balas. Cuál de éstas será la última. ¿Cuándo este día acabará?

–31/07/06