fragmentos de ficción > los huesos de esta chica son tan duros como los de los demás

(Dedicado a Julia Pratola. “Me comunico con el yo que está en tu mente”)

Entre el viscoso dolor de cabeza, el cuerpo extenuado, y el vislumbre de la gran caja de luz encima de la cama, el descanso normal, común y esperado tardaba en llegar. Quizá algún somnífero en mi sangre no ha hecho efecto aún; quién sabe qué clase de drogas se pelean entre sí para dominar temporalmente mi fuero interno.
Mientras tanto, algunas imágenes llegan.
El último trabajo que hice en Japón: aterrizar en el aeropuerto de Kansai (mi preferido, ¿cuántas veces puede uno despegar y aterrizar desde una isla hecha por el hombre? ¿Puede un Airbus navegar?), buscar el nuevo pasaporte en la cafetería, envuelto en un viejo ejemplar de The Guardian Weekly. Comprar dos botellas de Qoo en una máquina de monedas, una para llevármela de regreso y la otra para probarla. Check-in en el hotel New Otani, y en el hotel que me recomendó el taxista. Flirtear con la chica de la barra del Admiral’s Club…

Había perdido la línea de tiro que tenía desde la azotea al desatarse un tumulto frente a una tienda de comics. Veía como largo trataba de despeja el área valiéndose de una moto de delivery y un disfraz de conejo, pero la cantidad de gente era demasiado grande para él solo, además que él mismo debía proteger a una de sus ‘encargos’. Lancé el mensaje a todos los blackberry del grupo: “paquete perdido-voy a bajar.”
Dejo el rifle, el ascensor me espera. Llegan las respuestas: “entrada norte”, “entrada sur”, y “pasillo 4-tva”.
Misato-chan. T.v.a.: te veo allá.
Entrar al tumulto. Abrirse paso, golpear, usar los codos, evitar desviarse por los empujones, saber cuando devolver el golpe y seguir. Nada nuevo para un seguidor del baseball y del basketball profesional, con hacinamientos sólo igualados por la Meca.
Quizá en esta oportunidad pueda tomar un blanco vivo en vez de liquidarlo desde lejos; en vez de hacer un Kennedy.
Pistola en una mano, audífono en un oído. A encontrar el blanco.
Pareciera que todo el metro de Tokio de hubiese derramado en esta calle mientras llevaba consigo a todos los adolescentes masculinos (a pesar de los disfraces cosplay) de la ciudad, edades 18-45. Había escuchado que una celebridad había sido descubierta en una tienda de comics en atuendo cosplay, y que el rumor se había difundido a través de la internet. Largo no lo dice, pero yo tengo la certeza de que ella es su encargo.
¿Han escuchado a alguna vez a doscientos japoneses gritar cada uno algo distinto y todos al mismo tiempo?
-goru, posición.
-goru dirección noroeste, pasillo 5.
-fei, posición.
-fei oeste-este, pasillo 4.
Y la lista sigue. Ninguno reporta haber encontrado el blanco.
Al menos no es difícil encontrar a un brasileño en una marea de japoneses. Y algunos turistas. Pienso en una sopa miso con algunos trozos de ají picante. Si no fuera porque la mayoría de los trabajos se realizan en Japón, no volvería aceptar un trabajo para las compañías electrónicas y de videojuegos. Suena en mi cabeza “won’t get fooled again”, la canción de The Who. “Meet the new boss/same as the old boss”.
¿Podrá ser? Al doctor Salles ha escogido muy bien los destinos de su plan de huida. Ha perdido peso, se le ve rozagante y bronceado; y sobre todo, se viste mejor. Había que verlo en su ‘laboratorio’ en una favela de Río, adulterando software.
Suena el audífono:
-goru a fei. visual. 25 metros.
-copiado. guess who’s back!
Acelero el paso, e imagino que Misato-chan acelera el suyo también. Lo lamento por el chico que quedó con la impresión de mi reloj en el cuello. Para cuando despierte se le habrá pasado.
-fei, atención detrás de ti.
Probablemente un guardaespaldas cosplayer, con uniforme de colegiala y peluca naranja (vaya usted a saber cuál personaje será) la retiene por el cuello ayudándose con el mango de un paraguas, y un japonés malencarado vestido de traje negro (cosplayer de Kill Bill, quizá) la emprende contra ella con un bastón telescópico bañado en oro.
-25, 25, fei en 25, pasillo 3, pasillo 3.
Dr. Salles está a un brazo de distancia. Aparto a un adolescente treintañero empujándolo hacia la izquierda, para reencontrarlo con la textura de una vitrina. El llamado doctor me mira a los ojos sentir el alambre plateado cerrarse alrededor de su cuello.
-bonita corbata, takupai. ¿Me la presta?
Sin darle tiempo para pensar, lo tomo por la corbata de seda (diseño de Guru Nigo).
-quédese quieto. Stand still. Muito obrigado.
Las pupilas de salles se contraen al ver la pistola. Se dio por muerto. Gracias a los dioses que no perdió el conocimiento ni se ensució los pantalones.
-Stand still, salles.
Uso el hombro del blanco para apuntar al tipo del bastón. Balas fragmentarias. No traspasan. Menos daño colateral.
Hicieron falta dos tiros. En el intermedio, Misato-chan atrapa el bastón con la mano derecha, y estira el brazo hacia atrás para golpear en el hombro a Sailor Moon (o cono sea que se llame el disfraz que la retiene por el cuello) con la empuñadura. La colegiala recibe una bala en el cuello, y Misato-chan, cual Sarah Connor en Terminator 2 (¿o era la 3?) Con el único brazo bueno, voltea el bastón para darle al disfraz un definitivo bastonazo por la cara.

Vuelve a sonar la sintonía de Misión Imposible. Llámenme cursi.
-moshi-moshi, aru-san desu.
Dolor de cabeza inversamente proporcional a destreza en el idioma extranjero. Menos mal que el contacto habla castellano.
-¿dónde carajo está salles?
-helados días, buen miguelito. ¿Misato está?
-Misato está bien. En el lugar de siempre. ¿Dónde carajo está salles?
-deberías pagarme más por cobrar un paquete vivo.
-sigues siendo un idiota. Yo también tengo un jefe, ¿sabes?
-si él no le saca provecho, lo haré yo.
-te llamo, idiota, después.
-y yo te llamo perra ahora.
Fin de llamada.
Nadie extrañará a un gaijin con la cabeza vendada, mientras este último sepa cómo huir de las cámaras de seguridad. La enfermera principal mirará al cielo y preguntará porqué yo otra vez. Siempre recibe bombones al día siguiente en la puerta de su casa.

Me esperaba ver un cuarto de ladrillos grises sembrado de vendajes sanguinolentos. Me encuentro más bien en lo que se asemeja a un cuarto de hospital de niños: verde, azul, naranja. Supongo que nada de rojo, rosa o borgoña.
-¿me trajiste las cervezas?
-no. bueno, sí.
-otra razón por la que te adoro.
-¿quién quedó peor?
Pregunta absurda por lo obvia. Ninguno de los otros dos estaba en una cama de hospital. El humor nace de lo absurdo, y me pregunto si le está permitido reír.
-idiota. Me haces reír con una costilla fracturada.
-eso no te impide ir al karaoke.
Recibo una almohada en la cara. Ya relajados, parecemos viejos amigos de toda la vida. Pero las amistades de batalla son más intensas, sobre todo entre mercenarios cono nosotros.
-¿y qué mas te pasó?
-digamos que no recibirás cartas de amor de mi parte por un tiempo.
-pero, los golpes…
-aru, -cuando Misato quiere desmoronarme, me llama aru – no tienes por qué tratarme suavemente. Los huesos de esta chica son tan duros como los de los demás.


Leyendo blogs en el trabajo? Haz click y escapa antes de quete agarren!

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s