fragmentos de ficción

Apenas me senté en la estación, empecé a cabecear.
Abrazo mi maleta y confío en que no hay nadie alrededor. Sigo esperando.
mirando hacia los rieles, la manera en que tiemblan a lo lejos con el sol, los ojos se van cerrando…
El sueño llega rápido, intenso y cargado de vívidas imágenes. El sueño se siente, físicamente, como cruzar una gruesa barrera de gelatina, de aire comprimido. Imágenes de alto contraste sobre fondo negro, y sonidos completamente audibles. Luego, salir de allí, como un pez jalado del agua por una caña, con recuerdos difusos, un ligero y punzante dolor de cabeza y la barbilla pegada al pecho. La maleta azul sigue allí, resguardada por mis dos brazos.

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