Trenes.

Días antes de empezar a trabajar en donde lo hago ahora, empecé a plasmar la tensión causada por el momento: debía dejar la Universidad a sóli días de haber inicado, debía dejar un empleo, y me estaba mudando a otro extremo de la ciudad. Este es el primer texto que escribí, todo en metáforas, porque esa era la manera en la cual surgía.

21/10/04

Mientras me bajo de un tren, después de haberme despedido del vagón y las ventanillas, llegué a un lugar de dónde otros tres trenes estaban por salir. Le dije adiós al viejo y grande tren; y me quedé mirando cómo los otros tres trenes echaban vapor, como si esperaran por mí. No sé por qué lo hacen. He entrado en los dos pequeños y encontré juegos, trabajo y gente amable. El tercer tren es grande, pesado e intimidante. Un amigo me consiguió el boleto en un momento cuando me encontraba solo en el andén. Ahora, el gran tren me espera, y no sé aún si me dejará entrar o si yo aceptaré entrar en él. Pero no quiero perder el tiempo. No quiero ser el viejo vagabundo que se lamenta de que se le fue el tren.
26/09/04

Mañana abordaré un nuevo tren.

Algunos me vitorean cuando me asomo.

Otros se preguntan por qué ahora.

Algunos se alegran por este nuevo viaje y otros me preguntan por qué no mejor regresar al viejo tren que dejé atrás.

Gracias a todos. No se preocupen por mí. Nunca dejaré que un tren me lleve ni dejaré que ese tren sea el que me detenga.

Los trenes están para mí, y no al contrario. Con esto quiero decir que no habrá tren descarrilado hasta que yo lo diga. Y nada permanente me impide regresar.

27/09/04

– El tren partió hoy.

– Ese tren había partido hace mucho tiempo…

05/11/04

Cuando has abandonado un tren, y éste sigue su camino, pocas veces sabemos cual es el rumbo de los demás trenes. Así que es una sorpresa llegar a la estación y encontrarlos de nuevo, parados, esperando. Cómo cuesta dejarlos ir.

Yo pude haber tomado la vía fácil, un tren grande. Y un tren pequeño antes.
Un tren anteriormente descarrilado ahora avanza por el carril equivocado. O al menos así lo intuye el maquinista. Se debe mirar bien el camino para encontrar la aguja que cambia el rumbo, porque va a demasiada velocidad, y puede descarrilar de nuevo. Pero ¿habías escuchado aquella historia del tren que saltó la vía y cayó en rieles nuevos sin aminorar la marcha y sin sufrir muchos daños?

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