El dilema del equipaje

A punto de abandonar el país por una largo tiempo (tan largo como para cortar algunos lazos y ver quemarse algunos puentes) el emigrante mira a su alrededor t se hace tres preguntas, aparte de las miles que bombardean su cabeza antes, durante y después de decidirse a cruzar la frontera:
“¿Qué me llevo?”, “¿Qué dejo?”, y (muy, muy importante) “¿Qué vendo?”

Trabajando en mi anterior empleo, frecuentemente pasaba frente a la seductora tienda de los Leones de Caracas (más seductora en ese tiempo con las franelas oficiales con 20% de descuento). ¿Me llevo una franela y exhibo mi Venezolanidad en el pecho a donde quiera que vaya? (¿Y qué efecto puede tener en el país a donde voy? ¿Cómo reaccionarán las personas con las que contacte? ¿Me tocará hacer el sucio gaijin?)

Luego, la cuestión del dinero: mejor no me compro nada y me guardo los reales. Dinero limitado por el gobierno. (cadivi.gov.ve)
Dinero también cuesta llevarse todo lo que uno desea, así que muchos apegos sentimentales quedan atrás, y se obliga uno a un procedo de “minimización” (con lo quela detestaba en Matemática II) y frugalidad que, una vez que se está en ello, no es tan duro.

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