“A bordo del HMS Sheffield” – ApoloBelenus

-a bordo del hms Sheffield, segunda guerra mundial-

Nos encaminamos por el mar, rumbo a Noráfrica.
A pesar de los motivos de nuestro viaje, el cielo se nos presente azul y diáfano, cosa nunca vista por mí en Inglaterra. El barco se desplaza como un crucero. Vamos a cumplir una misión de guerra. Escribo esto en secreto.
Aunque sea uno de los mejores elementos de las fuerzas, y comandante al servicio de la reina de Inglaterra; y aunque conozca bastante de artilugios e informaciones, la memoria me traiciona y me siembra dudas sobre lo que recuerdo del intríngulis de este viaje. Lo que más sobresale de tales recuerdos, es que me vengaré de lo que me hicieron los alemanes en la isla de Creta. Me vengaré, y me atrevo a escribirlo con mi propia sangre. Pero ésta no dejará de circular si no tomo venganza. Se los aseguro.

Los agentes a mi cargo charlan alegremente y toman el té sobre la cubierta. No he tomado el mío, está demasiado caliente. Pude enterarme a través de 441, agente Bowson, que el grupo constituía una verdadera pieza clave y por eso no podíamos entrar en la acción de los comandos. El recio de la emoción. Ellos no me querían perder.

El barco sigue avanzando, el mar y el cielo se funden. No parecen las cinco y media, con ese sol fulgurante, rodeado de nubes de colores aún irreproducibles. Santos, el brasilero que nos acompaña, tararea una melodía y golpea con los dedos su maleta llevando muy bien un ritmo para mí desconocido.  Debo recordarme a mí mismo que esto es un descanso, porque al legar empezaremos a pelear. Ya el té es bebible.

Qué contraste con mi tierra, golpeada y malherida.
Aviones cruzan el firmamento allá, aquí las risas y las gaviotas. Cuando esta guerra acabe, sentiré quizás que un trozo de mi vida se habrá esfumado para siempre, como cualquier edifico de Londres ante las bombas de los Messerschmidt. Sin embargo, en este momento, quisiera que el barco siguiera de largo, y grabarme esta luz, este paisaje, estas gaviotas y alcatraces. Me ayudará a morir un poco más tranquilo cuando la próxima bala me encuentre. Bala alemana, japonesa, italiana. Quizá este viaje fue orquestado debido a nuestro propósito. Lo agradezco.

24/5/92
Idea: “unidad de asalto 30”
[inspirado en biografías de ian fleming]

 

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