El síndrome post-panamá

“… pero no hay gatos en america, y las calles de queso son…

Pensé que nada más me pasó a mí: después de mi primer viaje a Panamá,“he regresado a Caracas como fuente de altercados”; a quien se me pusera a tiro inmediatamente no sólo le hablaba de Panamá, y la comparaba contra Venezuela, sino que casi le vendía el país entero. Quien ha visto las piezas publiciarias del Instituto de Turismo panameño, me percibiría arrastrando la puerta, no de un hote, sino de un apartmentito de Río Abajo.
Recientemente, es decir, en diciembre ’07, pasaron por PTY mi padre y varios amigos. Y resulta que ellos mismos reportan haberse hecho unos insoportables al llegar, comparando la variedad contra la escasez, los dólares contra el peso convertible venezolano (perdón, “Bolivar Fuerte”), y el tréfico (al menos en esta desgracia no se pierde ni se gana).
Así que, a vuelo de copa, se puede decir que el slogan de dicha campaña ha sido exacto (y sus piezas bien hechas), que la ciudad deslumbra, y que, realmente, “el secreto mejor guardado del caribe” se ha hecho artificialmente estrecho e incómodo.

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