diario de la isla

Sil se ha tomado este asunto con calma, como quien corre un triatlón y le ofrecen desmontar una cadena de transmisión. De sus ataques previos de gritos y llanto y silencio está ahí, integrada a la vorágine; un nuevo ladrillo para la renovación. Que parece cada vez más al regreso del pasado. “sólo esto y nada más”, aconseja Edgar.

Nada ha cambiado. Para bien.

Engastada la Gran Isla dentro de la ‘Sociedad sin culpas’, ¿a quién se le ocurriría buscar responsables del otro lado del espejo? Eso es una simple herejía.

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Completamente sumergida la ira va minando poco a poco, cada vez más hasta que explotasen que nadie se dé cuenta; cuando tienen las cenizas en las manos es cuando se preguntan ‘¿y qué pasó?’. Cuando subes más alto, caes más hondo.

Me están atenazando las ganas de echar todo abajo; destruir instantáneamente; tomar un bate y borrar la inexistencia; convertirme en ángel exterminador. El ángel más cercano al demonio.

En los sueños a veces vienen figuras en mi cabeza: un camión de volteo entierra criaturas desesperadas por salir de su encierro. Siete segundos bastaron: son los escrúpulos que lo sepultan todo. Y queda otra vez la ira, ese alterno motor primordial, completamente sumergida.

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Ana Isabel imagina su muerte ante los ojos de todo el mundo. Silenciosa, instantánea, indolora. La mejor puerta de salida, pensábamos al mismo tiempo. Mi idea era fácil. Un solo tiro en la sien. Acostado en el suelo o sentado.

No más un tiro, y la mano colgando, el arma en el piso; o la mano por encima de la cabeza y el arma a varios centímetros de distancia y sin huellas. Así nunca sabrán, y será una venganza póstuma dejar la sospecha flotando en el aire. Y Ana Isabel se arrepiente, después de sentir las lágrimas peleando dentro de ella. Y yo lo dejaré atrás, tranquilamente, recordando que, hace tiempo, pensabas que eran más las fuerzas que te empujaban al borde que aquellas que te salvaban. 

E imaginabas el escenario en el cual nada cambiaría con tu ausencia; que tu ausencia era lo que ellos querían y por eso te sientes como una marioneta al pensar así. Al igual que Ana Isabel te das cuenta que hay algo debajo, algo que no te lo impide, sino que es un “efecto indeseado” que se puede suprimir al eliminar la causa. El error del Ángel Negro fue eliminar todo lo que estaba a su alrededor, y me veo en ese espejo.

Ángel Negro no sabía lo que quería, y en ese camino se cargó a varios inocentes. Aquí está el detalle, la cáscara de plátano que destruye completamente la idea. No logró nada. Ana Isabel y yo seguiremos aquí, todavía.

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La reacción instintiva de estar solo lo impregna todo, como una gota de tinta en un vaso con agua. Comienza por querer irse disparado del sitio, alejarse de las esquirlas, y aterrizar suave o violentamente en una isla propia, donde todo sale bien. Duele tener que vivir con mentiras pegadas al cuerpo, sobretodo cuando no las has pegado tú mismo. Y se alternan los colores; rojo, verde, azul, gris, gris, gris que colorea todo, gris que contamina todo, y nadie fuera de la Gran Isla cree que todo está gris, muriendo, porque ves que estás muriendo por dentro.

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