Si me leyeras la mente

22/2/94

Obsesión 

Las ideas llegan rápidamente, y se van inmediatamente si no se plasman; o te dejan mortificado con la duda del “qué habría sido si”.

Una mano se resbala por tu cabello rizado. Emites calor que yo percibo perfectamente. Las ideas se resbalan como hormigas trepándose a una bola de billar. Me miras a los ojos, y no sé si, al descifrar tu mirada, lo que hace que te comportes así es una atracción; o si es quieres que me estrelle contra mí mismo, causando errores de los cuales te alimentarías como un mosquito; o quizás simplemente me estás jugando una broma.

Me sonrojo; las arterias se apresuran a irrigar de sangre al cerebro para pensar mi próxima jugada. Cae el dado, digo una mentira. Me harán falta horas para arrepentirme, para darme cuenta de que metí la pata. Tiendo a confundir tanto mis emociones, que ya no sé qué sentir: amor, amistad, simple compañerismo; vivir mendigando, aunque sea, unas gotas de amor, y estrellarme, y sufrir otra vez. Plántate ante mí con la misma arrogancia y sensualidad como aquel día, y quizás, sólo quizás, podré explotar de sentimientos y pensamientos, y podré entonces besarte tal como lo había deseado; después decidiría arrepentirme o no, pero al menos me ganaré una medalla para mis adentros.

Pídeme lo que quieras. Subyúgame con tu sonrisa y tus ojos. Haz que en un pequeño acto de conversación mi mente empiece a fabricar pensamientos inusitados. Haz que este desesperado músculo cardíaco malinterprete y sufra si no considera los mismos sentimientos todos los días. Hazme internar en un bosque de dudas. Haz que deje de sufrir por mi propia mano.

paralelas

No sé cómo demonios llegaste a gustarme; bueno, si lo que yo llamo ‘gustarme’ era el hecho de que te encontraba algo fuera de lo común, como tus ojos (o tus anteojos, o tus pestañas, o la cara de niña), y era como el coleccionista que hace cualquier cosa por tener ese número que le falta, sin que le importe nada más que leerla cerca para mirarla con una cosquillita de privilegio; o el hecho de que primero te tomé a broma, y todo bien, luego en serio, y no entiendo nada.

Cuando te conocí ya teníamos algo de tiempo de saber quien eras, y en ese momento se supone que debía recordarte de antes; viniste después del instante posterior a una tormenta, en el que uno sabe que está bien y todo está en su sitio, pero algo falta y sientes los pies sobre la tierra. En fin, que he hablado mucho y no he dicho nada.

Llegaste incluida en el mismo paquete con un gran saco de quebraderos de cabeza: tu amiga que me conoce mucho, demasiado. Y no me importó, pasé por encima de de las puertas y las ventanas hasta el momento más alto que he tenido contigo, sí, allá, en el jardín. Te escondiste como un topo, y cuando nos conseguimos los tres la tierra no quiso abrirse para tragarme.

Luego apareciste de nuevo, pero te fuiste borrando a fuerza de ausencia, y la magia de aquel día en el jardín no se nos había concedido. Y me metí en problemas con tu amiga. Y contigo, porque supuse que quedaría en secreto.

Para qué, si no hicimos nada más que embestirte y torearme.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s