Un tren anteriormente descarrilado ahora avanza por el carril equivocado. O al menos así lo intuye el maquinista. Se debe mirar bien el camino para encontrar la aguja que cambia el rumbo, porque va a demasiada velocidad, y puede descarrilar de nuevo. Pero ¿habías escuchado aquella historia del tren que saltó la vía y cayó en rieles nuevos sin aminorar la marcha y sin sufrir muchos daños?

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