La Butifarra Catalana del Rey Juan Carlos (ficción)

El Rey se cansó. Debido a los bajos índices de audiencia que recibió en su mensaje de fin de año, pensó que nadie quería saber de él.

La baja popularidad le decía que sus súbditos querían deshacerse de él, y las experiencias de otros países decían que las ciudades son menos obedientes al poder central. Viendo que distintas espadas pendulaban sobre la institución que representa, su familia y su persona, el rey despertó el primero de enero, se sirvió un vaso de agua, y escribió un decreto.

1) La Corona tomará posesión de las propiedades de aquellos que deseen dejar Cataluña en caso ésta se declare independiente del Reino de España.

2) La Corona también tomará posesión de las propiedades desocupadas del resto del Reino que sean necesarias para reubicar tanto a quienes perdieron sus propiedades debido a hipotecas impagadas, impuestos impagos y aquellos que huyeron de Cataluña.

3) Las propiedades catalanas indicadas en el artículo primero, incluyendo las propiedades de la Corona ubicadas en Cataluña, serán entregadas a la Generalitat como pago final de lo que le adeuda el Estado español.

El Rey dejó de escribir, haciendo tiempo a que se ocurriera otra cosa, algo con pasaportes, pero decidió dejarlo así y firmó a pie de página. “Si esto funciona”, pensó, “se lo haré a los vascos”.

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