Apología al Sobrino Interno (o ¿Porqué sufrimos?)

Hay cosas que no se quieren decir. Para proteger el ego de los golpes de las consecuencias. Quizás ya es suficiente con patearse uno mismo al darse cuenta del error o el descuido, y así no tenga el herido que levantarse para empuñar el arma y defenderse. O atacar. O entromparse.
Hay cosas que no se quieren decir, como un fracaso estudiantil a los treinta, o una mentirilla que evite otra mancha a la reputación. O una explicación acerca de algo impulsivo, algo impensado, un instante en que no éramos nosotros mismos.
Hay cosas que no se quieren decir, porque queremos caminar con nuestra pechera blanca y almidonada, reluciente; que no la manche nadie, ni siquiera uno mismo. Por eso mentimos, por eso le echamos la culpa a todos, o a cualquiera. Por eso callamos.
Quizá el gran error está en patearse uno mismo.

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Discurso de Graduación 1994 [Ficción]

Éste es el discurso que me hubiera gustado dar en mi graduación.

En recuerdo de las revueltas estudiantiles de Febrero 2014 en Venezuela, y de cualquier revuelta estudiantil en todo el mundo.-Alfonso

Buenas noches, padres, compañeros y personal docente. Agradezco su presencia, su atención y a mis compañeros de promoción les agradezco por forzar mi entrada a este podio. Estoy aquí para decepcionar a algunos de los presentes, motivar a otros, y confundir al resto.

Empezaré por decirle a mis compañeros qué nos vamos a encontrar afuera de este auditorio. Afuera de este auditorio encontraremos millones de estudiantes recién graduados,  como nosotros. Un porcentaje grande saldrá a competir por cupos universitarios, y muchos no lograrán entrar en la carrera que desean. De los que logran entrar, unos cuantos lograrán salir graduados, a enfrentarse con el futuro. O eso es lo que ustedes creen.

Otra cosa que nos espera allá afuera, es la economía, que determina cuánto vale nuestro esfuerzo.

Nuestro país se sostiene gracias al petróleo y otras cosas que se sacan de la tierra y ensucian mucho, como el hierro y el aluminio. Quien determina el rumbo de la economía es el Estado cuando decide cuánto dinero gastar de lo que recibe por vender el petróleo y todo lo demás.

El Estado está dirigido por políticos, y desde 1989 hemos estado recibiendo recordatorios que los políticos en el poder no son buenos, y los golpes de estado de 1992 nos enseñaron que los militares que quieren sustituirlos son aún peores.

Somos ciudadanos de un país que depende de políticos que deciden cuán ricos somos. Somos dependientes del Estado.

Estoy diciendo las cosas como son, y no como deberían ser.

Quiero que, cuando salgamos de este auditorio, tengamos en mente la palabra Independencia. Los estudios existen para darnos herramientas para ganarnos esa independencia, para lograr la libertad individual.

Si confiamos en el Estado para que nos de empleos y medios de subsistencia, no habremos logrado nada, porque en cualquier momento el Estado se resfría, y nos deja a todos colgando.

En cualquier economía, el principal generador de empleo es el Empresario. Sin empresarios, no hay productos ni riqueza. Los empresarios son los que alimentan a las familias que, de otra manera, estarían viviendo de lo que decida darle el gobierno o de lo que recojan en los basureros.

Si pueden entrar a la Universidad, los felicito. Y si deciden convertirse en empresarios en vez de esperar a alguien que les dé un puesto o un empleo, los admiro. Al graduarse de esta institución nos destacamos por encima de muchos que se gradúan también por estos días. Y si logran graduarse y emprender, serán una élite mucho más cercana al éxito.

Acabo de decir las cosas como deberían ser. Ahora vuelvo a la realidad.

El 27 de febrero de 1989 vimos como masas de gente saqueaban negocios, robaban lo que estuviera suelto y destruían no que no podían llevarse. Y luego vimos militares disparar con ametralladoras.

Esas personas que saquearon los negocios por todo el país no son extraterrestres ni invasores extranjeros. Son personas que, el día anterior, usaban el metro, las aceras, y los autobuses como cualquier otra persona. Quizás es gente conocida; la vecina de alguien, el familiar de alguien del trabajo, la persona que se sentó al lado de uno en el carrito por puesto.

En 1992 vimos militares abrirse camino a balazos para ocupar un canal de televisión y oficinas del gobierno. Hubo muertos, al igual que en 1989. Tampoco eran soldados internacionales, y esto no es la segunda guerra mundial. En uno y otro caso, hablamos de lo que los políticos llaman “el pueblo”. Este país, mío y tuyo.

¿Algún familiar de quienes perdieron sus negocios se va a creer el cuento acerca de ser empresario en este país?

¿Qué van a hacer los recién graduados cuando salgan a buscar empleo y no haya quién se los dé?

Mi mensaje final, para esta noche, es que busquen su independencia desde ya. No esperen a graduarse de la universidad. No esperen a dejar la universidad porque sus padres ya no pueden pagarla, o porque al gobierno se le ocurrió cerrarla. Salgan y llénense de herramientas que los pongan a producir lo más rápido y mejor posible.

Si quieres ser arquitecto, aprende a dibujar. Si quieres negocios internacionales, primero aprende idiomas. Si quieres ser ingeniero civil, aprende a construir. Busquen destrezas que puedan aprovechar inmediatamente y ganar dinero de una vez en cualquier parte del mundo. El trabajo del ingeniero petrolero depende del soldador que une las tuberías del complejo refinador. La película éxito de taquilla depende de quien empuja el carrito que lleva la cámara. La discoteca de moda no es nada si nadie sirve tragos.

Una vez que hayas experimentado el mundo en vivo y hayas trabajado en él, ahí sí podrás entender todo lo que te van a meter en la cabeza en la universidad, o simplemente empezar tu propio negocio de una vez.

Busquen herramientas para la independencia y tendrán de qué vivir si este país se va a lavar calzoncillos de dictadores.

Muchas gracias.

skype versión 0.46 conversación de prueba #3652 (ficción)

“escúchame. no deseo enredarte con mis problemas; mucho menos enredarme yo en los tuyos. encima de ti veo una nube negra, como una pared que me impide llegar a ti. siento curiosidad por saber que hay detrás, qué es Lo que sucede en ese secreto. supongo que es algo doloroso, y me gustaría ayudarte a resolverlo, aunque sea simplemente porque me bloquea el camino hacia ti. sé que me estoy contradiciendo, y en esta contradicción me pierdo de tu contacto.”

La metáfora del beso

de celeste para yohelen

Después de nuestra última conversación, me dejé llevar por la metáfora del beso (tú sabes lo que quiero decir).

Al llegar a casa y encontrarme sola, interrumpí mi rutina por un instante, pidiendo por lo más preciado que nadie viniese a molestar, a entorpecer este momento, esta sensación concentrada entre las piernas. Volví a mi rutina usual: colgar las llaves, sacar el celular de la cartera, ir a mi cuarto, poner la cartera sobre la cama, y desvestirme. Me fui al baño inmediatamente (huy…).

Cuando fui a colgar mi ropa, quedé impregnada de un aroma a rosas que venía del closet. Ese olor no abandonaría mi nariz por un buen tiempo.

Pensando en las rosas, y conectando una cosa con otra, pasé de la aroma a la imagen de una rosa, a la rosa que me enviaste, a la imagen de un beso, a la metáfora del beso (tú sabes cuál es). Esta corriente de pensamientos me detuvo frente a mi espejo de cuerpo entero, sorprendida y confusa, sonrojada de descubrirme en mi ropa interior, pensando en miles de cosas al mismo tiempo, y acompañada por la fragancia de las rosas.

Hasta que me vinieron a la mente tus palabras acerca de las mujeres… “Las mujeres sabemos lo que nos gusta…”

Empecé a verme en el espejo, mis pantys y mis sostenes, y me acerqué a la superficie pulida del cristal y extendí la mano. Comencé a imaginar [qué haría contigo y qué harías conmigo si todo fuese perfecto] dónde pondría ese beso; dónde pondría esos labios.

Besé mi dedo índice y puse a marcar en el espejo dónde lo quiero recibir. [Como si tú estuvieras de mi lado del espejo y yo del otro lado.] Pude imaginar esos labios marcando de rojo los lugares que mi índice ordenaba. Oh, cuanto deseé besar algo más que mi palma esa noche.

Pude notar cómo mis mejillas se coloraban y subía mi temperatura. Toqué por encima de mi sostén y pude sentir un calor de fiebre. Minúsculas gotas de sudor me hacían brillar entera. Cómo me hubiera gustado sentir otra piel.

Mi dedo índice derecho fue viajando suavemente, sintiendo cómo se habían despertado esos puntos tan sensibles primero a la izquierda, luego a la derecha. Traté de percibir mis senos con mi mano libre: su forma, su peso, su textura, la presión del sostén, el calor que emanaban, los pezones, las aureolas.

Con los ojos cerrados me vi marcada con pintura de labios por todo el cuerpo, un mapa de los sitios que habías visitado. Con mi mano quise llevar ese carmín hasta las partes donde estaba cubierta por la tela, entre las piernas, tras de la liga… mi refugio secreto, mis gotas de miel.

Quise perfumarme entera con mi almíbar, hacer lo mismo que hice con tu carmín imaginario. Sentí que una flor, una rosa tal vez, había florecido. Y eso fue suficiente. Con los ojos aún cerrados fui dando un paso hacia atrás, luego el otro, hasta desplomarme en el colchón.

Y no pude aguantarme más. Encima de mí una imaginaria tú tomando posesión del contenedor de mi alma; y yo agradeciéndotelo físicamente. [Estar contigo sin ti fue pasar tiempo sin el tiempo.] Los segundos, minutos y horas desaparecieron para mí. Todo se fundió en un enorme instante.

Desperté con el calor del sol, [ligera y desnuda,] sintiéndome como si por dentro hubiera sido bañada con miel de rosas; con mis pantaletas en una mano y mi corazón palpitante en la otra.

Con un poco de miedo, me acerqué a la puerta del closet y la abrí. Descubrí que el olor a rosas venía de unas perlas de potpurrí. Las vi y no pude evitar sonreírme. Quien lo hubiera pensado.

10/02/2004:13/02/2004

Ocho Maletas, Siete Millones, Tres Personas [Ficción]

Gracias por venir. No es que tuvieran mucha opción. Pero siempre hay opciones, y les aseguro que tengo una mejor. Me explico.

Pueden escoger arriesgarse a pasar el aeropuerto de Tocumen y ser apresados en Panamá, lejos de sus familias, y luego puede que el gobierno los intercambie por otros prisioneros, lo que puede ponerlos en manos de las maras que controlan las cárceles. No sé qué harían los narcos con este fracaso.

Entiendo que lo hicieron por necesidad, no por gusto. Puedo ver que tienen familia, deudas y no están buscando una muerte prematura, ¿cierto?

A ver, tres hijos y esposa; esposa, hijo e hija; dos esposas, tres niñas y un bebe varón. Si yo sé donde ubicar a sus familias, seguro que los dueños de este dinero también.

Así que les tengo una proposición:

De esos siete millones y pico, cada uno de ustedes va a recibir quinientos mil.

Vamos a simular su muerte, eso cuesta dinero. Vamos a contactar a su familia, y los vamos a sacar de peligro.

Sus familias estarán cubiertas. incluso la ex-mujer estará fuera de peligro. No se preocupen por vivienda, y es fácil encontrar empleo. Imaginense: se estarían ganando una segunda oportunidad.

Recuerden que no estoy forzando a nadie. Si no les gusta la idea pueden irse y caer en manos de las pandillas, la policía y luego las pandillas, o tener suerte y volver a ser reclutados como mulas la próxima vez que los narcos quieran pasar dinero o drogas.

Ninguno de esos escenarios les dará tranquilidad, eso es seguro.

Esos dos son los peores escenarios. Yo les ofrezco algo mejor.

¿Quieren romper el ciclo?

¿De acuerdo?

¿No?

¿Garantias?

No tengo como demostrarles nada. No sé cuál de ustedes me puede denunciar al salir de aquí. Ustedes tampoco saben si los voy a denunciar a ustedes, así que tranquilos todos.

Si aceptan mi propuesta, lo único que les pido es su gratitud. Si algun dia yo los necesito, ustedes deben responder, asi de simple. Nada más recuerden quién les salvó de un destino en el que tenían todo que perder.

No, no soy policía. Tampoco soy de aquí.

El asunto es que necesito dinero y gente.

¿No? ¿Nadie?

Esta bien. los contactare mañana, asi que piénsenlo.

La Butifarra Catalana del Rey Juan Carlos (ficción)

El Rey se cansó. Debido a los bajos índices de audiencia que recibió en su mensaje de fin de año, pensó que nadie quería saber de él.

La baja popularidad le decía que sus súbditos querían deshacerse de él, y las experiencias de otros países decían que las ciudades son menos obedientes al poder central. Viendo que distintas espadas pendulaban sobre la institución que representa, su familia y su persona, el rey despertó el primero de enero, se sirvió un vaso de agua, y escribió un decreto.

1) La Corona tomará posesión de las propiedades de aquellos que deseen dejar Cataluña en caso ésta se declare independiente del Reino de España.

2) La Corona también tomará posesión de las propiedades desocupadas del resto del Reino que sean necesarias para reubicar tanto a quienes perdieron sus propiedades debido a hipotecas impagadas, impuestos impagos y aquellos que huyeron de Cataluña.

3) Las propiedades catalanas indicadas en el artículo primero, incluyendo las propiedades de la Corona ubicadas en Cataluña, serán entregadas a la Generalitat como pago final de lo que le adeuda el Estado español.

El Rey dejó de escribir, haciendo tiempo a que se ocurriera otra cosa, algo con pasaportes, pero decidió dejarlo así y firmó a pie de página. “Si esto funciona”, pensó, “se lo haré a los vascos”.

Un zapato en la vía

Estábamos en el carro de Dina, abriéndonos paso entre los claros de la autopista, y encontramos una tranca descomunal entrando a la ciudad. Antes de llegar al atasco, vi una cosa extraña en el asfalto. De hecho, cualquier cosa que no fuese caucho se ve rara en el asfalto de la autopista.
“Cola a esta hora”, se sorprende Dina. Yo estaba más que acostumbrado a las arterias colapsadas de la ciudad, a verla reventada de tráfico a cualquier hora.
Y el zapato bailaba después de pasar por debajo de la llanta del carro que tenía adelante. Acelerábamos porque estábamos llegando tarde.

Estar sentado en el asiento del copiloto facilita a veces la introspección, ya que no es necesario procesar información a cada momento. Yo tenía muchas cosas en qué pensar, no me correspondía estar pendiente del camino. Además, qué sé yo, tenía algo esa noche.

Un vehículo de color blanco avanzaba a toda velocidad, conducido por una rubia despeinada. El motor estaba en lo último, no daba más. La rubia desesperaba, llorando cerca de los 200 kilómetros por hora.
Un camión de reparto de gas entraba a la autopista, saliendo de alguno de esos barrios que no le desmerecen ante mejores ciudades, condimentados éstos con el calor destructivo de las tardes.
Quizá el conductor se incorporaba sin mirar hacia los lados, y la rubia estaba vestida de fiesta: una blusa blanca, una falda negra y un par de tacones negros; había corrido ya el maquillaje y no pudo reaccionar.
Un vehículo de color blanco se proyectó en noventa grados sobre casi 30 bombonas de gas, se desprendió la puerta izquierda y una mujer se estrelló contra el pavimento.

Dina pasó por mi casa haciendo sonar el claxon.
“Vámonos, apúrate”, yo me ponía las botas lo más rápido posible, y tenía las manos ocupadas entre las llaves de la puerta y el maletín; Dina “apúrate”, y yo distraído pensando si mi novia y yo estaríamos bien vestidos para la fiesta. Ya voy.

Sonó un teléfono. Con los zapatos negros en el suelo se oye “Es hora de que nos demos un tiempo, estoy desconcertado. Quiero saber si todavía me amas. Conozco tu secreto. Recuerda que tienes alguien que te espera.”
La rubia se levanta indignada, se baña con lágrimas, se maquilla con dolor, se viste con prisa, se peina con mousse, se va confusa, fusa, corchea, silencio, pentagrama; “the universe exploding”…

Dina cambia el cassette.
“Y cuéntame,” pregunta Dina cuando ya estábamos llegando, “¿cómo se vistió tu novia para la fiesta?”
Una blusa blanca, una falda negra, y un par de tacones negros, digo yo.

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Alto funcionario de Cadivi afirma: “procedimientos cambiarios de la revolución frenan la fuga masiva de venezolanos al exterior” [WhiskyLeaks]

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Un alto funcionario de Cadivi, que no quiso revelar su nombre, a pesar de preguntar incesantemente “¿tú no sabes quien soy yo, chico?”, ofreció declaraciones al bartender del Hotel Veneto de la Ciudad de Panamá, “el más caro de la ciudad”, en palabras del mismo entrevistado.

El funcionario en cuestión indicó que los nuevos procedimientos de solicitud y venta de divisas, tanto para empresas como para particulares, mitigará la salida de ciudadanos venezolanos hacia otros países, en lo que ha sido hasta ahora el más grande éxodo sufrido en la historia nacional. Dicho funcionario aseveró que los trámites cambiarios fueron diseñados para retener la mayor cantidad de ciudadanos en el territorio: “los que tenemos real pueden irse [sic], pero siempre tienen que dejar a alguien contratado que se encargue de traer y llevar papeles, armar carpetas, e ir al banco todos los días”. De esa manera, los exiliados no cortan completamente sus lazos con la tierra que los vio nacer, y así el país no se “despobla [sic]”.

“Si Cristo actúa de maneras misteriosas”, afirmó el funcionario, “entonces este gobierno trabaja de maneras oscuras.” Acto seguido, pidió que le renovaran el trago de Etiqueta Azul, y explicó cómo, a pesar que la ley de universidades no fue aprobada, los estudiantes que desean salir del país serán sobrecargados de requisitos y de trámites retardados que lograrán el mismo objetivo revolucionario de frenar la fuga de talentos “sin pasar por toda esa paja”.

Se supone que este es un artículo humorístico.

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