4 años y tres meses #trenes

25/10/04

Así que abordé el tren más voluminoso. Acabo de entrar y son las 830. No hay casi nadie, pero los que están se atarean en sus posiciones. No hay maquinista. No está mi amigo el guía. Ni siquiera sé si la hora es la correcta. ¿Habré llegado demasiado temprano?

Sentado en un pasillo aún pienso porqué abordé. Porqué dejé en el andén a los otros trenes. El tren aún no arranca. Eso parece, aunque siento movimiento.

Cuando uno deja la estación y pierde de vista a los otros trenes no sabe en realidad qué pasa con ellos: si se quedan suspendidos en el tiempo. Como uno no los puede ver, sólo puedo imaginar que el tiempo pasa y cada vez hay menos vapor en las calderas. Supongo que eso será lo que encontraré si regreso a la estación.

Tengo el boleto de un segundo tren arañándome el bolsillo. Estoy tan indispuesto a esperar, y sin embargo espera me ha sobrado en esta luna creciente. De buen augurio.

Sigo esperando, oyendo el sonido de las calderas, sintiendo la vibración de un trenque espera, así que pienso qué hago aquí. De qué me estaré perdiendo.

Cuatro años y tres meses. ¿Estaré aquí por lealtad, por honrar el esfuerzo de un amigo? ¿Estoy aquí por él y no por mí?

Cuatro años prometidos para salir de aquí. Tres meses de prueba. Hacia un territorio desconocido. ¿Será que el destino que el destino pone todas las puertas y nos da todas las llaves? ¿Es esto todo destino?

Hay una teoría que me gusta, y que me puede servir para redondear una historia que estoy escribiendo:

El “software” del ser humano (alma, memoria, espíritu) reside en el inconsciente colectivo como en una “nube” computacional. Y no “cambia” en un sentido físico con respecto al tiempo, sino que adquiere más conexiones en torno a lo que le rodea.

De esa forma, con la transmisión de información a través del tiempo, intentado con el viaje de una partícula por túneles limitados por laser, se posibilita que el “ser” del presente actual ocupe su cuerpo en otra línea de tiempo (“pasado”).

Julio 12, 2010

23/02/05 (13:07 museo de bellas artes)

Admito que esta es la primera vez que visito el Museo de Bellas Artes. Llegué aquí huyendo, caminando incesantemente, al mismo paso rápido que significa “no voy a ningún lugar, simplemente me voy”.
Estoy disfrutando el jardín. Al igual que en el cerro el Ávila o en la fuente de la Galería de Arte Nacional, o en los jardines de La Estancia, este lugar no aparenta estar en donde está. Tan sólo comparar La Hoyada y esto, cualquiera podría decir, con una asombrosa falta de tacto, “esto no parece Caracas”.


"sedanes"

23/02/05 (más tarde) 

Caminando para acá, me di cuenta que internamente, ya asimilé la idea de que mi tiempo en la empresa (tal como lo concebía) llegó a su final. Y con esta actitud me he visto actuando hoy. De lo que nos hemos perdido, estimado psicoanalista.
Ayer, el día fue movido. Incluso llegué a pensar que ese mismo ritmo debió haber sido el habitual si realmente trabajara; que todos los días pudieran haber sido así constantemente. Hoy, algo debe haber cambiado… (¿luna, quizá?) …como si se hubiese dado un repentino golpe de frenos.
Casi todo el día de ayer consistió en trabajar con/junto a/acerca de la nueva señorita, aparentemente nombrada “Gerente de Medios Impresos”.
(Coño, parafraseando una metáfora que compartí con mi madre anoche, si tu oficio es ‘gerente de vehículos’, en el cual el 95% del trabajo se refiere a sedanes, y llega alquilen con el cargo de ‘gerente de sedanes’, ¿qué significará para ti?)
Actitud mental de ‘ido’: resolveré lo que tengo a mano, me encargaré de las cosas pequeñas postergadas, dejaré que los demás lleven a cabo las tareas que les hayan sido encomendadas, y recogeré mis archivos y mis grullas. Incluso, es posible que la bota me la den hoy mismo.
Update: No me han dado la bota todavía. 
Para seguir con la metáfora, a la gente de ‘sedanes’ le informaron acerca de un ‘vehículo’ nuevo del cual la única información que tengo es que tiene 4 puertas y tiene motor de gasolina. ¿Me habrán dejado por fuera, quizá? (¿Por qué rayos no cuentas las cosas como una persona normal?)
Puede que hoy regrese tarde a la oficina. No me importa.

serpenteando un rato

Lunes, 9 de la mañana.

El ritmo ha sido frenético; el domingo terminó a las 3 am del lunes, el cual empezó a las 6 am. (Y el lunes terminará a las 3 am del martes.) Aprovechando un hueco en el horario no voy a la biblioteca ni a la librería. No abro los periódicos que compré. No leo las guías. El cansancio es patente. Durante la clase de las 7, se me perdieron fragmentos de la conferencia. “No puedo trabajar así.”
Cual serpiente, me siento al sol con los ojos cerrados y las piernas estiradas, después de ver a algunos dormir en la grama. La radio habla del movimiento Slow Food, y el primer mp3 que suena es Shawn Mullins: “I am an ocean, I am blue”. Ni siquiera las detonaciones me sobresaltan. Y después suena en mi cabeza “Cantaloupe Island”.
Mirando hacia el oeste, llega un viento frío en contra. Quizá llueva.
Tres helicópteros cruzan la mañana; son demasiados. ¿Para dónde irán?

Si me leyeras la mente

22/2/94

Obsesión 

Las ideas llegan rápidamente, y se van inmediatamente si no se plasman; o te dejan mortificado con la duda del “qué habría sido si”.

Una mano se resbala por tu cabello rizado. Emites calor que yo percibo perfectamente. Las ideas se resbalan como hormigas trepándose a una bola de billar. Me miras a los ojos, y no sé si, al descifrar tu mirada, lo que hace que te comportes así es una atracción; o si es quieres que me estrelle contra mí mismo, causando errores de los cuales te alimentarías como un mosquito; o quizás simplemente me estás jugando una broma.

Me sonrojo; las arterias se apresuran a irrigar de sangre al cerebro para pensar mi próxima jugada. Cae el dado, digo una mentira. Me harán falta horas para arrepentirme, para darme cuenta de que metí la pata. Tiendo a confundir tanto mis emociones, que ya no sé qué sentir: amor, amistad, simple compañerismo; vivir mendigando, aunque sea, unas gotas de amor, y estrellarme, y sufrir otra vez. Plántate ante mí con la misma arrogancia y sensualidad como aquel día, y quizás, sólo quizás, podré explotar de sentimientos y pensamientos, y podré entonces besarte tal como lo había deseado; después decidiría arrepentirme o no, pero al menos me ganaré una medalla para mis adentros.

Pídeme lo que quieras. Subyúgame con tu sonrisa y tus ojos. Haz que en un pequeño acto de conversación mi mente empiece a fabricar pensamientos inusitados. Haz que este desesperado músculo cardíaco malinterprete y sufra si no considera los mismos sentimientos todos los días. Hazme internar en un bosque de dudas. Haz que deje de sufrir por mi propia mano.

paralelas

No sé cómo demonios llegaste a gustarme; bueno, si lo que yo llamo ‘gustarme’ era el hecho de que te encontraba algo fuera de lo común, como tus ojos (o tus anteojos, o tus pestañas, o la cara de niña), y era como el coleccionista que hace cualquier cosa por tener ese número que le falta, sin que le importe nada más que leerla cerca para mirarla con una cosquillita de privilegio; o el hecho de que primero te tomé a broma, y todo bien, luego en serio, y no entiendo nada.

Cuando te conocí ya teníamos algo de tiempo de saber quien eras, y en ese momento se supone que debía recordarte de antes; viniste después del instante posterior a una tormenta, en el que uno sabe que está bien y todo está en su sitio, pero algo falta y sientes los pies sobre la tierra. En fin, que he hablado mucho y no he dicho nada.

Llegaste incluida en el mismo paquete con un gran saco de quebraderos de cabeza: tu amiga que me conoce mucho, demasiado. Y no me importó, pasé por encima de de las puertas y las ventanas hasta el momento más alto que he tenido contigo, sí, allá, en el jardín. Te escondiste como un topo, y cuando nos conseguimos los tres la tierra no quiso abrirse para tragarme.

Luego apareciste de nuevo, pero te fuiste borrando a fuerza de ausencia, y la magia de aquel día en el jardín no se nos había concedido. Y me metí en problemas con tu amiga. Y contigo, porque supuse que quedaría en secreto.

Para qué, si no hicimos nada más que embestirte y torearme.

diario de la isla

Sil se ha tomado este asunto con calma, como quien corre un triatlón y le ofrecen desmontar una cadena de transmisión. De sus ataques previos de gritos y llanto y silencio está ahí, integrada a la vorágine; un nuevo ladrillo para la renovación. Que parece cada vez más al regreso del pasado. “sólo esto y nada más”, aconseja Edgar.

Nada ha cambiado. Para bien.

Engastada la Gran Isla dentro de la ‘Sociedad sin culpas’, ¿a quién se le ocurriría buscar responsables del otro lado del espejo? Eso es una simple herejía.

-+

Completamente sumergida la ira va minando poco a poco, cada vez más hasta que explotasen que nadie se dé cuenta; cuando tienen las cenizas en las manos es cuando se preguntan ‘¿y qué pasó?’. Cuando subes más alto, caes más hondo.

Me están atenazando las ganas de echar todo abajo; destruir instantáneamente; tomar un bate y borrar la inexistencia; convertirme en ángel exterminador. El ángel más cercano al demonio.

En los sueños a veces vienen figuras en mi cabeza: un camión de volteo entierra criaturas desesperadas por salir de su encierro. Siete segundos bastaron: son los escrúpulos que lo sepultan todo. Y queda otra vez la ira, ese alterno motor primordial, completamente sumergida.

-+

Ana Isabel imagina su muerte ante los ojos de todo el mundo. Silenciosa, instantánea, indolora. La mejor puerta de salida, pensábamos al mismo tiempo. Mi idea era fácil. Un solo tiro en la sien. Acostado en el suelo o sentado.

No más un tiro, y la mano colgando, el arma en el piso; o la mano por encima de la cabeza y el arma a varios centímetros de distancia y sin huellas. Así nunca sabrán, y será una venganza póstuma dejar la sospecha flotando en el aire. Y Ana Isabel se arrepiente, después de sentir las lágrimas peleando dentro de ella. Y yo lo dejaré atrás, tranquilamente, recordando que, hace tiempo, pensabas que eran más las fuerzas que te empujaban al borde que aquellas que te salvaban. 

E imaginabas el escenario en el cual nada cambiaría con tu ausencia; que tu ausencia era lo que ellos querían y por eso te sientes como una marioneta al pensar así. Al igual que Ana Isabel te das cuenta que hay algo debajo, algo que no te lo impide, sino que es un “efecto indeseado” que se puede suprimir al eliminar la causa. El error del Ángel Negro fue eliminar todo lo que estaba a su alrededor, y me veo en ese espejo.

Ángel Negro no sabía lo que quería, y en ese camino se cargó a varios inocentes. Aquí está el detalle, la cáscara de plátano que destruye completamente la idea. No logró nada. Ana Isabel y yo seguiremos aquí, todavía.

-+

La reacción instintiva de estar solo lo impregna todo, como una gota de tinta en un vaso con agua. Comienza por querer irse disparado del sitio, alejarse de las esquirlas, y aterrizar suave o violentamente en una isla propia, donde todo sale bien. Duele tener que vivir con mentiras pegadas al cuerpo, sobretodo cuando no las has pegado tú mismo. Y se alternan los colores; rojo, verde, azul, gris, gris, gris que colorea todo, gris que contamina todo, y nadie fuera de la Gran Isla cree que todo está gris, muriendo, porque ves que estás muriendo por dentro.

traté de llevar una vida honesta de trabajo duro, de mezclarme con aquellos a mi alrededor. realmente lo intenté. absorbí toda la información que había sobre esta persona: quién era, qué tenía, y qué quería. y empecé a escribirle un nuevo libreto, un argumento más feliz, con el que estaría contenta.